
Vuelvo a mi obsesión por las bitácoras. ¿Cuántas veces me sorprendió encontrarme con un viejo texto y descubrir que había olvidado su lento, trabajoso, proceso de elaboración? ¿Cuántas veces lamenté no haber intentado registrar, por lo menos en parte, ese proceso? ¿Será posible hacerlo? Contra todas mis precauciones, me veo obligado, por la naturaleza del post, a valerme de muchos datos biográficos. Ahí vamos:
9 de octubre de 2009
19:30. Génesis:
El único número de teléfono que sé de memoria es el de la casa de madre y mi hermana. Hoy tengo franco y pensé en llamar a mi hermano para ver si salíamos. Me veo obligado a llamar al primer lugar para conseguir el número del segundo. Así de compleja es la vida de los desmemoriados. Trabajé de noche y dormí casi toda la tarde. Soy algo parecido a un depresivo: en mis días negros duermo mucho tiempo y me quedo encerrado en casa. Mientras bajo en el ascensor, descubro que no comí nada en todo el día, salvo dos rodajas de pan con un poco de paté en dudoso estado. Llamo y nadie me atiende. Compró algo para comer y vuelvo a casa. Al entrar, escucho que un libro cae al piso. No tengo muchos libros, pero suelen caerse; en mi casa, todo tiende a caerse. Me dijeron que en el resto del universo es igual, pero no estoy seguro de creerlo.
No importa qué libro es. Lo levanto del piso y se cae un recorte de diario que tiene adentro desde que lo compré (se trata de un libro usado). Pongo el libro sobre la mesa y miro el recorte: es un comentario sobre el libro. Lo doy vuelta. Los artículos del otro lado no tienen mayor interés, por supuesto. Pero la literatura, al menos para mí, se trata de eso: de poner una olla de oro al final del arco iris, de poner fantasmas en las casas abandonadas, en fin: de corregir la tediosa previsibilidad del mundo.
Al instante, descubro que tengo un cuento. Los elementos son los siguientes: un viejo recorte de diario funciona como oráculo. Lo hace a la manera de un palimpsesto; fue recortado por la información que tiene de uno de los lados, irrelevante para el personaje, y tiene del otro, un texto que desencadena la acción. Ayer encontré un perfil en facebook de alguien que se llama casi igual que yo, quizás por eso pensé en que el personaje tuviera un nombre extraño, casi irrepetible, y que lo encontrara escrito en un diario viejo, anterior a su nacimiento. (Para acentuar esa extrañeza, podría ser un nombre de origen extranjero, que el registro civil no hubiera aceptado hace cincuenta años). Podría tratarse de una noticia policial, de un crimen horrendo.
El recorte, como todo oráculo, como todo palimpsesto, no debe ser completo. Eso se resuelve muy fácilmente: al estar recortado el otro artículo, el que tiene interés para el personaje está mutilado. Datos importantes se perdieron: la naturaleza del delito, el hecho de si su homónimo es la víctima o el victimario, etc. Todas minucias por resolver :) * Tengo un final, que no conviene revelar y sin el cual, no tiene sentido todo el resto. A mí me parece fatal, pero mis escasos lectores nunca lograron prever mis finales. Obviamente, presupone un cruce temporal, pero tengo que encontrar la manera de que sea sutil. Lo importante es pensar indicios de ese cruce que no sean muy groseros.
¿Cómo lo haría Bioy?
PD: ¡Palimpsesto! Aunque no me crean, recién ahora (mientras buscaba la imagen para ilustrar el post) se me ocurre que ese sería un buen nombre para el cuento. Eso ya le da forma a mí personaje: libros, palimpsestos (que presuponen una formación clásica), un origen étnico poco usual que justifique el nombre... Ya veremos.
PD: Ya había publicado el post. Releo y me encuentro con Bioy. El primer nombre que pensé fue Cortázar, pero lo cambié. Ahora sé porqué. Hace unos días leí el extraordinario relato "El otro laberinto", en el que aparece un texto curioso. Veo que formalmente es muy parecido al que entreveo yo, pero no me preocupa. El afán de originalidad nunca me quitó el sueño.
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*Agrego el emoticón por exigencias del medio.




